¿Por qué se va a donde una prostituta?

¿Por qué se va a donde una prostituta?

En público muy pocas personas reconocen ser clientes de la prostitución, pero basta salir de una gran ciudad por cualquier carretera nacional para toparse con un burdel y ver aparcados los coches de toda esa gente que luego asegura nunca haber ido de putas.

 

Intenté ligar a través de varios populares sitios de citas, pero no tuve éxito. Así que, para satisfacer mis necesidades físicas, me pase a las prostitutas

 

Mi nombre es David “Soy un hombre que regularmente visita prostitutas”, Somos bastantes, al menos uno de cada siete latinoamericanos visita a una prostituta en algún momento de su vida. Pero, aun así, no es habitual oír hablar de nosotros. Al igual que la sociedad se avergüenza de las trabajadoras sexuales, el estigma hacia el cliente regular también es fuerte.

 

Él explica que tuvo una novia hace 20 años y falleció. Desde entonces, puso todas sus energías en el trabajo. Fueron los años del bombazo de las punto com y, aunque por aquel entonces la zona estaba repleta de mujeres solteras, David reconoce que en vez de buscar el amor, buscó el éxito. “Intenté ligar a través de varios populares sitios de citas, pero no tuve éxito”, asegura. “Así que, para satisfacer mis necesidades físicas, me pase a las prostitutas”.

 

David no ve la prostitución como una oferta de ocio más, sino como el último recurso para aliviar un vacío en su vida. Cuando encontraba una prostituta que le gustaba, dejaba de visitar al resto.

 

“Después de conocer a Marlene, no quise conocer a ninguna otra durante tres años”, asegura David. “El tiempo que pasaba en su compañía era tan agradable que normalmente me gasta el dinero en estar con ella toda la noche; despertar al lado de esa bella mujer estaba entre las más profundas experiencias que había tenido en las dos últimas décadas”.

 

El reconoce que Marlene le ofrecía la experiencia de tener pareja, sentía con ella una intimidad emocional que no suele estar presente en los tratos con prostitutas. Cuando ella se retiró del negocio, el volvió a probar suerte con los sitios de citas online. Pero no hubo manera. “De las 100 solicitudes que envié recibí sólo siete contestaciones, y todas decían ‘gracias, pero no’”, explica el. “Supongo que, en los últimos 20 años, he perdido u olvidado cualquier habilidad para ligar que hubiera podido tener. El principal tema de conversación de las posibles parejas es quejarse sobre sus ex. Y con ninguna ex que siga viva, ciertamente soy diferente. No creo que buscar una pareja normal sea posible para mí”.

 

En opinión de un psicólogo clínico y sexólogo, casos como el de David son muy habituales entre los clientes regulares de prostitución. “En general a los hombres se nos ha enseñado que necesitamos sexo pero no afecto”, explica el psicólogo. Y es mentira. A veces esa prostituta habitual le da al cliente unas gotas de placebo afectivo gracias a lo cual se siente a gusto. No por el polvo, sino porque la prostituta sonríe como si fuera su amiga, y eso es profundamente adictivo”.

 

Según explica, es importante entender que hay diversos perfiles del cliente de prostitución, con distintos problemas e inquietudes, que es necesario conocer si se quiere combatir eficazmente una actividad que causa tantos problemas. En su opinión, los puteros se pueden dividir en cuatro grandes clases.

 

1. El virgen

Aunque parezca una cosa del pasado, en determinados entornos es habitual perder la virginidad con una prostituta (muchas veces pagada por los amigos con motivo de un cumpleaños). “Son chavales que se inician en el mundo de la sexualidad, de una forma a su entender protegida”, explica. “No tienen que exponerse a hacer el ridículo, ni vincularse afectivamente. Se inician en el sexo pagando por ello”.

 

2. El enfermo mental

Según muchos de los clientes regulares de prostitución tienen un problema de salud mental: una psicopatología que les impide relacionarse con normalidad con otras mujeres. En opinión del psicólogo en esta categoría suelen encajar los clientes que se enganchan a la misma prostituta, como David: “Esto les da seguridad, pues intentarlo con una persona nueva despierta demasiados miedos. Se sienten menos asustados”.

 

3. El machista

“Un tercer tipo de cliente es el que separa a las mujeres en dos grandes grupos: las santas, puras y vírgenes entre las que están su madre, su hermana y su mujer; y el resto”, explica. Muchas de estas personas mantienen sexo con su esposa, pero con baja frecuencia y de forma muy casta (lo que se conoce como “sexo vainilla”). “Para hacer guarrerías tienen a las putas”, explica el psicólogo. “Tienen una doble vida: familia e hijos por la mañana, y por la noche el whisky, la coca y las putas”.

 

4. El eventual

Habría que distinguir también un cuarto tipo de cliente, que no es habitual, pero acaba contratando los servicios de una prostituta. “Un día por cabreo con la esposa, por soledad, de forma puntual busca un consuelo en la prostitución, que le deja tan insatisfecho y aislado como estaba antes”, explica el psicólogo.

 

El perfil del cliente está cambiando

Los perfiles definidos por el psicólogo eran los más habituales en los burdeles hasta hace una década. Clientes como David: hombres de mediana edad que, por la razón que sea –su matrimonio no funciona, son incapaces de ligar, en su pueblo no hay mujeres…–, creían que sólo pagando podían mantener relaciones sexuales.

 

Ahora los chicos jóvenes igual que un día van al 'paintball' otro día se van de fulanas

 

 

Y estos jóvenes no van al burdel a buscar el sexo que no encuentran en otros sitios. Van en busca de una variedad, y una profesionalidad, que no pueden ofrecerles sus ligues y novias. Lo hacen normalmente en grupo, dentro de despedidas de solteros, cumpleaños o, sin excusas, como guinda de una noche de fiesta.

 

 

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